Transformación del Cacao: La Respuesta de El Plateado y el Cañón del Micay a la Crisis de la Coca

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En medio de la crisis generada por la caída en el precio de la hoja de coca, las comunidades del corregimiento El Plateado y el Cañón del Micay han encontrado una alternativa rentable y sostenible en el cultivo del cacao. Este cambio ha sido impulsado, en gran medida, por jóvenes emprendedores que han decidido transformar la economía local.

 

Camilo Alexander Narváez, un joven universitario originario de El Plateado, es uno de estos líderes de cambio. Hace apenas unos años, Camilo desconocía por completo el proceso de transformación del cacao. Sin embargo, decidido a encontrar una solución para su comunidad, comenzó a investigar y logró adquirir una máquina para procesar el cacao. Así nació Choco Pri, una empresa que, junto con dos compañeras, fundó con la misión de enfrentar la crisis provocada por el bajo precio de la hoja de coca.

 

«El cacao se ha convertido en la esperanza para muchas familias. Nos permite ver un futuro más estable y menos ligado a la preocupación y el peligro que trae la coca», comenta Camilo. Hoy en día, Choco Pri es la solución para 40 familias de la región, a quienes se les compra el cacao que cultivan en sus fincas. Uno de estos agricultores es Roberto Gaviria, quien nunca arrancó sus matas de cacao, confiando en que este cultivo sería más estable a largo plazo. «La coca no nos ha traído más que problemas. El cacao, en cambio, nos permite soñar con un futuro mejor», afirma Gaviria.

 

El éxito de Choco Pri ha sido tal que el producto está siendo comercializado en mercados más allá de la región, llevando el sabor del cacao caucano a nuevas fronteras. Este emprendimiento es más que una simple empresa; es un símbolo de la resistencia y la capacidad de transformación de una comunidad que busca dejar atrás la estigmatización y ser reconocida por la calidad de sus productos.

 

Los habitantes de El Plateado y el Cañón del Micay envían un mensaje claro al Gobierno Nacional: son campesinos que trabajan arduamente por su tierra y necesitan más apoyo para transformar su territorio. «No somos narcotraficantes, somos agricultores. Necesitamos políticas que nos ayuden a crecer, no a destruir lo poco que hemos logrado construir», concluye Camilo Narváez.

 

Este es un ejemplo de cómo, a través del trabajo honesto y la voluntad de cambiar, las comunidades rurales pueden transformar su realidad, apostando por cultivos que promuevan el desarrollo sostenible y la paz en regiones históricamente afectadas por el conflicto.

 


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