Luego de cuarenta aƱos del sangriento asalto al Palacio de Justicia de Colombia por parte de una guerrilla de izquierda M-19, que dejó mĆ”s de 100 muertos, sobrevivientes y familiares de las vĆctimas afirman que el aniversario es un solemne recordatorio de su lucha constante por la verdad y la justicia
De ahà que la Corte Suprema de Justicia de Colombia realizarÔ un acto conmemorativo el viernes para recordar la incursión del 6 de noviembre de 1985 al edificio por parte del grupo insurgente, que tomó como rehenes a magistrados y personal del tribunal, buscando adelantar un juicio al presidente de la época, Belisario Betancur, por los supuestos incumplimientos en el proceso de paz con esa guerrilla.
El ejército desplegó tanques, helicópteros y cientos de soldados durante un sangriento intento de 27 horas para retomar el edificio. MÔs de 100 personas murieron, incluyendo a once de los 25 magistrados de la Corte Suprema, mientras 11 personas permanecen aún desaparecidas.
El horror de ese dĆa sigue vivo para Amelia Mantilla, cuyo esposo, el magistrado Emiro Sandoval, murió durante el ataque.
«Nunca imaginamos un horror como el que ocurrió, porque fueron horas eternas», dijo Mantilla. «Simplemente eso fue arrancar y acabar con todos».
Mantilla, quien mÔs tarde sirvió como magistrada, y su hija Alexandra, ahora jueza del tribunal de justicia transicional de Colombia, recibieron noticias inquietantes mÔs de 30 años después del asalto, que se dio en medio de una Colombia acorralada por el narcotrÔfico, los grupos paramilitares y guerrilleros.
En 2017, las autoridades que trabajaban para confirmar la identidad de las vĆctimas les informaron que los restos que les entregaron originalmente no eran los de Sandoval, sino de otras vĆctimas no identificadas en el ataque.
«¿QuĆ© es lo que reclama una vĆctima? Reclama la verdad, quiere saber quĆ© le pasó a su ser querido, quiere tener algo, un sĆmbolo que significa el cuerpo de la persona que falleció, necesita tambiĆ©n tener claro que los hechos no se quedan en la impunidadĀ», dijo Mantilla.
Aunque los restos de Sandoval, confirmados mediante pruebas de ADN, fueron entregados posteriormente a la familia, el error por parte del Estado sirve como ejemplo del sufrimiento que aĆŗn padecen muchas familias de vĆctimas, especialmente las de los desaparecidos.
«Esto es una tragedia que no nos han permitido cerrar», agregó Mantilla.
El asalto sigue siendo un punto Ć”lgido en la polĆtica colombiana.
El presidente Gustavo Petro, exmiembro del M-19, afirmó la semana pasada en X que las pruebas forenses demostraban que ningĆŗn magistrado habĆa muerto con armas de la guerrilla.
Algunos familiares de las vĆctimas, incluido el hijo del magistrado asesinado Manuel Gaona, han refutado las afirmaciones del mandatario.
El M-19 se desmovilizó en virtud de un acuerdo de paz en 1990 y muchos de sus lĆderes han desarrollado largas carreras polĆticas.
En el año de 2015, el entonces presidente Juan Manuel Santos ofreció disculpas por la respuesta militar al asalto, reconociendo «fallas en la conducta y procedimientos de los agentes del Estado, asà debe reconocerse».
Erik Arellana, defensor de las vĆctimas e hijo de un integrante de la entonces guerrilla M-19 que desapareció dos aƱos despuĆ©s del ataque, expresó que las conmemoraciones son fundamentales para crear empatĆa con las vĆctimas, ayudĆ”ndolas en esos proceso de perdón.
«Las conmemoraciones han sido como el recurso que han utilizado las familias para decir «aquà estamos, seguimos exigiendo, seguimos pidiéndole a la comunidad nacional e internacional que comprende el daño causado».
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