Un proyecto médico, humanitario, transhumanista y políticamente neutral. Así se ha presentado Neuralink desde su fundación en 2016. En la última década, sin embargo, la empresa creada por Elon Musk con el objetivo de desarrollar implantes que permitan la comunicación entre el cerebro humano y un ordenador se ha revelado como mucho más que eso. Un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y publicado en Culture, Theory and Critique analiza cómo esta tecnología neuronal marca el camino hacia una nueva forma de poder: la psicopolítica.
«Al igual que un semáforo cumple la función policial de mantener el orden en las calles, organizando el tráfico de vehículos y peatones, Neuralink pretende cumplir una función psicopolítica, es decir, traducir en datos nuestros procesos cognitivos, pensamientos, emociones o actitudes, y regularlos», explica Sergi Parellada, autor principal del estudio. Parellada es investigador del eHealth Centre de la UOC y del grupo de investigación Barcelona Science and Technology Studies (STS-b) de la UAB. «Además, a partir de los conocimientos científicos, busca legitimar una intervención que permita optimizar la psique de los individuos para que encajen en aquellos estándares necesarios para cumplir con el imperativo de la productividad capitalista y neoliberal», añade.

¿Qué es la psicopolítica?
Neuralink es todavía un proyecto en desarrollo, una tecnología experimental que por ahora parece estar lejos de usarse a gran escala. Sin embargo, los autores del estudio sostienen que los principios de la psicopolítica ya están presentes en muchas de las aplicaciones y las plataformas que utilizamos a diario, como Instagram, TikTok, Netflix o Spotify. A través de sus algoritmos, recopilan datos sobre gustos, deseos, motivaciones o comportamientos, e incluso algunas tienen la capacidad de escuchar nuestras conversaciones cotidianas y transformarlas en información que usan para construir los perfiles digitales de cada usuario.
«Estas tecnologías se alimentan de datos sobre nuestra psique para dirigir, orientar y modificar nuestro comportamiento con el objetivo de generar beneficios económicos», sostiene Parellada, también profesor experto profesional de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. «Neuralink es una continuación de este proyecto psicopolítico ya presente en nuestra cotidianidad. El hecho de que Neuralink pueda leer directamente nuestro cerebro transforma el ejercicio psicopolítico, en tanto que puede intervenir en procesos cognitivos no conscientes, escapando a nuestra capacidad de reflexión».
Así, tecnologías de implantes neurotecnológicos como Neuralink podrían ser la herramienta definitiva de la psicopolítica, un nuevo régimen de poder que ya no se centra en el gobierno de los cuerpos y de la población, sino en gestionar y optimizar la psique. Es decir, la psicopolítica persigue traducir los procesos mentales en datos, procesarlos mediante algoritmos y utilizarlos para predecir y modelar comportamientos. De esta manera, el poder podría dejar de actuar de forma coercitiva y disciplinaria, y pasar a hacerlo a través de la seducción e incluso de la automatización, al operar sobre procesos inconscientes evadiendo la reflexividad, y convertir así la mente en un recurso productivo y en el campo central del control político.


