La deuda pública es hoy más alta y crece a un ritmo más rápido que antes de la pandemia en el 80 % de las economías mundiales. De acuerdo con el último informe fiscal del Fondo Monetario Internacional, la deuda pública global podría aumentar hasta el 100 % del PIB para finales de esta década si continúa aumentando al ritmo actual. El incremento de la deuda pública llega, además, en un contexto de gran incertidumbre geopolítica y económica, lo que podría poner en serio riesgo la resiliencia financiera global.
La realidad de la deuda pública, así como el escenario de inflación experimentado en los últimos años, ha devuelto al centro del debate la cuestión del endeudamiento de los países, sus límites y, de forma más amplia, la sostenibilidad fiscal. En campos como el de la inversión en investigación, desarrollo e innovación, la pregunta adquiere un matiz casi estructural. ¿Invertir más en I+D para consolidar el crecimiento sostenible y la productividad o recortar el gasto para reducir la deuda? La respuesta no es, ni mucho menos, sencilla.
Una nueva investigación en la que ha participado Jorge Mario Uribe, coordinador del grupo de investigación Finance, Macroeconomics and Management (FM2) y profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), profundiza en los matices detrás de esta pregunta. Tras analizar los datos de 44 países entre los años 2000 y 2022, con variables macroeconómicas, institucionales y financieras, el equipo concluye que recortar en I+D no conlleva necesariamente una mayor estabilidad financiera solo porque implique una reducción del gasto. La clave está en gastar de forma inteligente y coordinada.
I+D y estabilidad financiera, una relación ambivalente
El artículo, publicado en la revista Applied Economics con el apoyo del Fondo Latinoamericano de Reservas, explora cómo la inversión en I+D afecta a la estabilidad financiera y, en particular, a la resiliencia del sistema a choques macroeconómicos. Esta relación, de acuerdo con los investigadores, no ha recibido suficiente atención en la literatura científica debido a que no es una relación demasiado obvia: invertir más en investigación impulsa el crecimiento sostenible a largo plazo, la productividad y la resiliencia, pero el aumento del gasto puede llegar a dañar la estabilidad financiera si los niveles de deuda crecen demasiado.
«La estabilidad financiera de un país responde a factores estructurales y regulatorios, así como a flujos de corto plazo. En general, se piensa que un gasto estatal excesivo podría llevar a una menor resiliencia financiera, debido a un incremento en la percepción del riesgo del país y a la disminución de su capacidad de pago», señala Jorge Uribe, investigador adscrito al centro UOC-DIGIT. «En este sentido, cualquier gasto, aunque sea en I+D, podría contribuir a una mayor inestabilidad».
Al mismo tiempo, el coautor del artículo incide en que, debido a los efectos positivos asociados a la inversión en ciencia en términos de productividad y crecimiento, el efecto directo de aumentar el gasto en investigación también es positivo. En resumen, los efectos a priori positivos de invertir más en I+D podrían llegar a verse socavados por el impacto fiscal de aumentar el gasto. «No hay una clave para una correcta inversión que pueda desprenderse de nuestro estudio, se trata de planear el gasto de forma coordinada», añade Uribe.
La clave está en el equilibrio
El simple aumento de la inversión pública en investigación y desarrollo no basta para garantizar la estabilidad financiera, sino que debe formar parte de un marco fiscal estratégico amplio que gestione el gasto público con inteligencia. Así lo concluye el artículo, que incide en la importancia de mantener la disciplina fiscal para preservar dicha estabilidad.
«Nuestra investigación también es una llamada a no hacer recortes indiscriminados», subraya Jorge Uribe. «Lo que inicialmente puede parecer un paso en la dirección correcta como reducción de gasto, no termina siéndolo una vez que se consideran los impactos de la inversión en I+D en la estabilidad financiera. La idea es recortar en otras partidas, mientras se mantiene o se profundiza en investigación científica, lo cual es un reto de diseño coordinado del gasto«. Para el investigador, además, en este camino de gasto coordinado e inteligente, la cooperación público-privada es fundamental.
Los resultados del estudio ofrecen dos interpretaciones válidas. Por un lado, los responsables políticos deberían centrarse en la reasignación de los recursos públicos para priorizar la I+D, manteniendo el gasto total bajo control. Por otro lado, la inversión privada en ciencia emerge como un mecanismo clave para aprovechar los efectos estabilizadores de la I+D y la innovación, sin disparar el gasto público. Es decir, las políticas industriales centradas en incentivar el aumento del gasto privado en investigación, en lugar de incrementar directamente dicha actividad pública, son clave.


