Cajibío despide a las doce víctimas del atentado en la Panamericana

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“Solo Dios, junto a su hijo Jesús, es quien decide sobre la vida. Nadie más. Por eso hoy, cuando la guerra nos arrebató a nuestras compañeras y hermanos, le pedimos que haya justicia y consuelo para estas familias”. Con esas palabras, líderes cristianos acompañaron el acto de despedida realizado en el casco urbano de Cajibío, tras la llegada de los cuerpos de las víctimas del atentado en la vía Panamericana.

Las doce personas fallecidas, oriundas del corregimiento de La Pedregosa, fueron recibidas por una comunidad campesina que aún no logra asimilar la tragedia. El pasado sábado 25 de abril, cuando regresaban en una chiva hacia sus hogares en el centro del Cauca, la violencia se cruzó en su camino. En ese mismo hecho murieron otras ocho personas.

El recorrido se detuvo abruptamente en el sector de El Túnel, sobre la vía Panamericana. Allí, una carga explosiva activada por disidentes de las Farc, que habían instalado un retén ilegal, acabó con la vida de estos doce habitantes de Cajibío. Ninguno tenía relación con el conflicto armado que golpea con fuerza esta región del suroccidente colombiano.

Eran campesinos y campesinas que volvían de la jornada de mercado en Piendamó. Entre ellos iba José Ciro Puliche, conductor de la chiva que terminó destruida tras la explosión. Todos tenían un mismo destino: las veredas de La Pedregosa. Pero no alcanzaron a llegar. La detonación los sorprendió en plena carretera y la mayoría murió en el lugar.

“Mi mamá ya venía de regreso para la casa cuando pasó todo. Ella iba en la chiva más afectada y, según me contaron, no resistió”, relata Jhon Nery Cometa Salazar, hijo de Teodomira Salazar. A sus 79 años, era conocida como una mujer dedicada a su familia y solidaria con su comunidad.
Junto a ella también murieron otras mujeres que hoy son lloradas por sus vecinos: Clemencia Valencia, Daniela Valencia, Liliana Valenzuela Valencia, Virgelina Valencia, Etelvina Valencia, Luz Dary Solarte, Andrea Golondrino y Libia Flor, todas amas de casa que sostenían sus hogares en medio de las dificultades del campo.

“Nosotras, que damos vida, rechazamos este atentado que nos arrebató a tantas mujeres trabajadoras, madres y pilares de sus familias. Hoy oramos para encontrar fuerzas y seguir adelante”, expresó una lideresa durante la ceremonia. A su alrededor, cientos de personas vestidas de blanco encendieron velas formando un círculo con granos de maíz, símbolo de vida y resistencia.

El dolor también se escuchó en la voz de los familiares. “Es muy duro lo que estamos viviendo. Cajibío es un pueblo golpeado, pero unido. Nadie quiere reunirse por la muerte, pero hoy nos tocó despedir a los nuestros”, dijo Joao Valencia, sobrino de una de las víctimas.

Tras el homenaje, las familias emprendieron una caravana hacia La Pedregosa, donde se llevarán a cabo las exequias. En medio del duelo, la comunidad se aferra a sus tradiciones y a la memoria de quienes partieron, recordando que la vida, como la luz de las velas y el maíz que sembraron, es frágil y sagrada.

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