La situación de la Nueva EPS en Popayán se ha convertido en un verdadero drama humanitario, afectando a cientos de usuarios que se enfrentan a la falta de atención médica y de medicamentos esenciales para su salud. Esta crisis se evidencia con mayor perjuicio en la vida de los adultos mayores, quienes dependen en gran medida de estos servicios para llevar una existencia digna. Un claro ejemplo de esta problemática es el caso de una abuela de 77 años, quien desde hace más de un mes no ha recibido sus medicamentos completos, lo que la ha llevado a considerar alternativas desesperadas para aliviar su sufrimiento.
Al visitar su IPS habitual, la abuela fue informada de la falta de cobertura para médico en casa, debido a que la entidad prestadora de salud no estaba recibiendo los pagos pertinentes por parte de la Nueva EPS. «Vaya y hable con la Nueva EPS», le dijeron, palabras que evidencian la desprotección de cientos de personas que, como ella, confían en un sistema que parece haber colapsado. La frustración de esta adulta mayor se traduce en la renuncia a recibir la atención necesaria, mientras lamenta la falta de exámenes de control y del diálogo sincero con los profesionales de la salud que, al menos, le informaron sobre la crítica situación de contratación que enfrenta la entidad.
La cruda realidad de los medicamentos se hace más evidente cuando se observa cómo muchos usuarios no reciben a tiempo los fármacos que necesitan. «Ya no me mandaron las vitaminas y otros medicamentos que requiero desde diciembre», señala la abuela, comparando su experiencia con la crisis ocurrida con Coomeva EPS, que dejó a muchos en el desamparo. Su indignación es palpable, y su decisión de no someterse más a esta «humillación» refleja el sentimiento compartido entre muchos en la capital del Cauca.
Un equipo periodístico de El País se trasladó a la zona para comprobar en terreno la situación de los usuarios de la Nueva EPS, quienes deben madrugar hasta las 4:00 de la mañana para esperar turnos que muchas veces no les garantizan ni siquiera una respuesta positiva. A medida que avanza el frío de la madrugada, se pueden ver a abuelitas temblando, otras incluso llegando sin desayunar, luchando contra la inseguridad que acecha en esas horas. “¿Usted cree que esto es justo con el pueblo?”, inquiere otro abuelo, mientras aguardan pacientemente en la calle.
En un acto de fe y resistencia, las empleadas del dispensario se unen en oración antes de comenzar su jornada, con la esperanza de prestar un servicio adecuado a los aproximadamente 350 pacientes que se acercan cada mañana. Sin embargo, la realidad que enfrentan es dura. Un testimonio impactante es el de una abuela que salió decepcionada tras recibir solo una promesa de que la llamarían para entregarle los fármacos ordenados, después de haber estado esperando varias horas.
La tensión también aumenta dentro de las sedes de atención. Las escenas de usuarios que estallan en cólera cuando les notifican que no hay medicamentos son cada vez más comunes. Una usuaria en el barrio Antonio Nariño grabó un video donde pudo presenciar el descontrol de algunos pacientes tras enterarse de que no recibirían lo que necesitaban, evidenciando el descontento generalizado que puede considerarse una bomba de tiempo. “Esto es una muestra de que estamos viviendo una crisis inminente”, sentencia una observadora.
Con cada día que pasa, la historia de la Nueva EPS en Popayán se transforma en un eco de dolor y desesperanza. La realidad actual plantea un urgente llamado a la acción. La política de salud debe reconsiderarse, y especialmente, debe priorizarse el bienestar de las poblaciones más vulnerables. Mientras tanto, la lucha diaria por obtener atención médica y medicamentos se convierte en una odisea para quienes ya han enfrentado suficiente sufrimiento en sus vidas.
En conclusión, el colapso de la Nueva EPS en Popayán no es solo un tema administrativo; es una crisis humanitaria que requiere atención inmediata. Cada historia, como la de esta abuela, ilustra la necesidad de un sistema que defienda la dignidad y la salud de todos sus ciudadanos, especialmente de aquellos que más lo necesitan. La comunidad no puede seguir esperando; el momento de actuar es ahora.


