El silencio que dejó la noticia del fallecimiento de Juan Carlos Banguero se sintió rápidamente entre los feligreses de la Parroquia La Milagrosa y en distintos sectores de Popayán. Su muerte no solo enluta a su familia, sino también a quienes lo conocieron como un hombre cercano, servidor y comprometido con la vida pastoral de la Iglesia Católica.
La Arquidiócesis de Popayán confirmó el deceso mediante un comunicado oficial en el que expresó su solidaridad con los seres queridos del diácono electo y pidió a la comunidad elevar oraciones por el descanso eterno de su alma.
En el mensaje, la Iglesia manifestó su acompañamiento a su esposa Adriana, a sus hijos Valeria y Juan Andrés, así como a familiares, amigos y feligreses que hoy lamentan su partida. El comunicado estuvo acompañado por la cita bíblica del Evangelio de San Juan: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá».
Hasta ahora no se han divulgado las causas del fallecimiento.
Banguero adelantaba el proceso de formación para asumir el ministerio del diaconado permanente, una vocación orientada al servicio de la Iglesia y de las comunidades. Quienes compartieron con él recuerdan que su compromiso trascendía el ámbito religioso y se reflejaba en su disposición permanente para escuchar, acompañar y servir.
El impacto de su muerte quedó reflejado en las numerosas muestras de solidaridad que comenzaron a circular pocas horas después de conocerse la noticia.
La familia Muñoz Bolaños y la empresa Drogas La Salud destacaron que Juan Carlos será recordado como un hombre íntegro, un amigo leal y una persona cuya calidez humana dejó huella en todos los escenarios donde compartió.
Uno de los homenajes más emotivos fue el de Alexander Casas Prado, amigo desde la época escolar en el Colegio Seminario de Popayán, quien evocó los años de amistad, los encuentros deportivos y la sencillez que siempre caracterizó a Banguero.
Las redes sociales también se convirtieron en un espacio para recordar su legado. Decenas de ciudadanos compartieron fotografías, anécdotas y mensajes de despedida que coincidieron en resaltar su humildad, su fe y su permanente espíritu de servicio.
La comunidad de la Parroquia La Milagrosa pierde hoy a un hombre que había decidido dedicar su vida al servicio de Dios y de los demás. Su recuerdo permanecerá en quienes encontraron en él una palabra de aliento, un consejo oportuno o un ejemplo de compromiso cristiano.
Mientras la Arquidiócesis acompaña a la familia en este momento de duelo, Popayán despide a un hombre cuya vida estuvo marcada por la fe y por una vocación de servicio que seguirá siendo recordada por la comunidad.


