La tecnologĂa ha dejado de ser un complemento para convertirse en el eje central de nuestra forma de vivir, divertirnos, trabajar y relacionarnos. Su impacto es, en la mayorĂa de las situaciones, profundamente positivo: nos ofrece acceso instantáneo a la informaciĂłn, facilita la comunicaciĂłn global y permite automatizar tareas que antes nos robaban horas de vida. Aun asĂ, esta revoluciĂłn digital nos plantea un reto mayĂşsculo: ¿cĂłmo mantener una relaciĂłn sana con las pantallas sin que acaben absorbiendo nuestro bienestar?
En este artĂculo, Antoni Baena Garcia, director del máster universitario de Salud Digital (E-health) de la UOC e investigador del grupo de investigaciĂłn eHealth Digital Lab del eHealth Centre: Centro de InvestigaciĂłn en Salud Humana y Planetaria (UOC-eHealth), comparte algunas recomendaciones para un uso saludable de la tecnologĂa. ¡Toma nota!

- El papel de la familia: ser un modelo a seguir. El uso Ă©tico, consciente y limitado de la tecnologĂa por parte de las familias es la mejor herramienta educativa. Si los referentes usan los dispositivos con un propĂłsito claro (trabajar, informarse, ocio puntual), especialmente ante los menores, estos aprenderán a no verlos como una extensiĂłn inseparable de la mano.
- Establecer espacios libres de tecnologĂa. La hiperconexiĂłn puede erosionar la calidad de los vĂnculos familiares. Hay que definir momentos y lugares donde el mĂłvil no tiene cabida, como, por ejemplo, durante las comidas o las conversaciones importantes. Esto refuerza el valor de la presencia fĂsica y la atenciĂłn plena.
- Velar por una comunicación abierta y una escucha activa. La prohibición suele ser el camino más rápido, pero también el menos efectivo a largo plazo. El miedo a la represalia hace que los jóvenes oculten sus problemas digitales (ciberacoso, contenido inadecuado). Es vital establecer un diálogo constante con los niños y niñas sobre lo que ocurre en la red, fomentar la escucha activa y la confianza, y no juzgar las experiencias digitales de nuestros hijos o hijas.
- Crear un plan familiar de uso de la tecnologĂa. Del mismo modo que tenemos horarios para la escuela o las actividades extraescolares, el mundo digital requiere un marco regulador en casa. Un plan familiar escrito, consensuado y firmado por toda la familia puede ayudar a evitar conflictos. Este documento debe definir el tiempo, el contenido, las aplicaciones, los juegos, los dispositivos y los espacios donde está permitida la tecnologĂa.
- Establecer lĂmites de espacio y tiempo. La tecnologĂa nunca deberĂa sacar horas a las necesidades básicas como el sueño, la actividad fĂsica o el estudio. En este sentido, es recomendable no superar las dos horas diarias de tecnologĂa recreativa, además de no utilizar las pantallas una o dos horas antes de ir a dormir y promover el juego o la navegaciĂłn en lugares comunes de la casa (el salĂłn, por ejemplo) hasta que el menor o la menor demuestre suficiente madurez para realizar esta actividad en su dormitorio.
- Hacer un abordaje positivo de los videojuegos. Uno de los grandes tabúes de la crianza digital son los videojuegos. Sin embargo, tienen un potencial educativo enorme si se utilizan bien. Son auténticas máquinas de aprendizaje que fomentan la creatividad, la cooperación y la resolución de problemas. En este sentido, es recomendable que las familias hablen de los videojuegos en casa, que procuren jugar en familia y que consulten la clasificación PEGI de los juegos o incluso que los alquilen y los prueben antes de adquirirlos.
- EducaciĂłn en valores digitales y privacidad. La alfabetizaciĂłn digital y conocer los riesgos son las mejores herramientas de protecciĂłn en internet. Hay que hablar abiertamente sobre el ciberacoso, el sexting, el contacto con desconocidos y la gestiĂłn en lĂnea de los datos personales. La privacidad es un derecho que debe protegerse desde la primera vez que los y las menores se conectan.
- Potenciar el pensamiento crĂtico. Hay que enseñar que las fotos subidas a las redes sociales suelen tener filtros (fĂsicos y psicolĂłgicos) y que no todo lo que leen o ven en internet es verdad. El pensamiento crĂtico es el mejor escudo contra la desinformaciĂłn.
- Promover el respeto. Es necesario enseñar a los jóvenes que el respeto debe ser el pilar de cualquier interacción en las redes sociales. Hay que recordarles que detrás de cada perfil, aunque sea anónimo, hay una persona y que es importante no difundir rumores, no participar en linchamientos digitales y respetar la imagen de los demás en todo momento.
- AlfabetizaciĂłn en salud digital. Formarse en salud digital es una necesidad ciudadana. Comprender cĂłmo la tecnologĂa afecta a nuestra biologĂa y nuestra psicologĂa nos permite tomar el control y hacer un uso más Ă©tico, responsable y positivo.
En resumen, la clave de una vida digital saludable no reside en el aparato, sino en su uso. Establecer diálogos abiertos, poner lĂmites claros pero flexibles y, sobre todo, acompañar a los más jĂłvenes en este camino hacia la madurez digital nos hará disfrutar de todos los beneficios de la tecnologĂa sin comprometer nuestro bienestar emocional. Y es que, sin duda, la mejor red social sigue siendo una mesa compartida con la familia, donde las pantallas están apagadas y la atenciĂłn es total.


